. [Orador 1]: Hola, soy María José Fernández Alonso, investigadora y colaboradora del equipo de Huella de Carbono en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes, Forestal y del Medio Natural de la Universidad Politécnica de Madrid. Con este microvídeo titulado La materia orgánica del suelo y su estabilidad, damos comienzo al tema 11, donde veremos las posibilidades que nos ofrece el suelo como agente mitigador del cambio climático. Este tema, recordemos, que forma parte del módulo 4, la contrahuella. En los ecosistemas terrestres las existencias de carbono orgánico se agrupan en tres grandes depósitos. En primer lugar tenemos la biomasa viva que comprende la suma de la biomasa aérea y subterránea como ya vimos en el tema anterior. También encontramos carbono acumulado en la biomasa muerta que agrupa tanto la madera muerta como el horizonte orgánico que es el mantillo forestal que se forma por acumulación superficial de la hojarasca que cae sobre el suelo. y finalmente tras un proceso de descomposición de la materia orgánica muerta por los organismos del suelo como los hongos, las bacterias o las lombrices entre otros se constituye el tercer depósito de carbono orgánico que es el suelo mineral. A lo largo del tiempo las pérdidas o ganancias de carbono en cada uno de estos tres depósitos se traduce en emisiones o en absorciones de dióxido de carbono atmosférico respectivamente. En los bosques españoles el stock de carbono almacenado como madera muerta constituye el 10% de la biomasa aérea, según el Inventario Forestal Nacional. De hecho, la relación entre el volumen de madera muerta y el volumen de biomasa viva se utiliza como un indicador de gestión sostenible de los ecosistemas forestales, ya que contribuye a la naturalidad de los bosques, favorece una mayor biodiversidad al servir de hábitat natural para una gran cantidad de organismos, también mantiene la humedad y es un elemento esencial de los ciclos biogeoquímicos. En el caso concreto del ciclo biogeoquímico del carbono, la tasa de renovación de la madera muerta se estima en unos 100 años. Por otro lado los suelos como depósitos de carbono almacenan a nivel global 1500 petagramos de carbono, una cifra que supera la cantidad de carbono almacenado en la biomasa y en la atmósfera. Recordemos que el secuestro de carbono en el suelo es una tecnología de emisiones negativas que se basa en la implementación de prácticas de manejo en sistemas agrícolas y forestales que consiguen una retirada neta de dióxido de carbono de la atmósfera. dado que el contenido de carbono en el suelo es un balance entre las entradas a través de la incorporación de hojarasca y de otros detritos vegetales o de la aplicación de estiércol y las salidas a través de la mineralización del carbono de la materia orgánica dióxido de carbono, estas prácticas están destinadas a minimizar las salidas y a maximizar las entradas. Las entradas de carbono en el suelo están determinadas por la productividad vegetal y la subsiguiente incorporación de esos residuos orgánicos en descomposición al suelo mineral, también por la calidad de dicho carbono o lo que es lo mismo por su composición química y las relaciones estequiométricas y por su estabilidad física y química. Hablamos de estabilidad física cuando el carbono está ocluido formando agregados en el suelo como en la fotografía y de estabilidad química cuando el carbono está absorbido a las partículas minerales del suelo como las arcillas. La estabilización físico-química del carbono en el suelo es crucial para evitar las pérdidas de mineralización o respiración heterotrófica, erosión o lexiviación. El potencial que tiene un suelo para secuestrar carbono depende del tipo de sistema, es decir, de si es un suelo de cultivo, un sistema forestal o un pastizal. Entre las actuaciones encaminadas al aumento del stock de carbono en suelos de cultivo destacan sustituir el laboreo convencional por el mínimo laboreo o no laboreo, reducir el barbecho, aplicar insumos orgánicos como el estiércol o el compost para nutrir el suelo, utilizar cultivos cubierta también denominados intercalares porque se introducen en la rotación de cultivos herbáceos o en las calles de los cultivos leñosos y por otro lado en los aprovechamientos silvopastorales o forestales las actuaciones encaminadas al aumento del stock de carbono pueden incluir por ejemplo incrementar las forestaciones haciendo una selección eficaz de las especies, alargar el turno de corta, racionalizar y hacer una gestión sostenible de los aprovechamientos, de nuevo fertilizar o aplicar insumos orgánicos y prevenir perturbaciones como pueden ser incendios forestales o plagas. Por último la restauración de cultivos, bosques y zonas degradadas también es una opción para incrementar el contenido de carbono en los suelos. La implementación de todas estas actuaciones es relativamente fácil y los beneficios asociados a ellas, como los relacionados con la mejora en las propiedades de la fertilidad del suelo en la agricultura, hacen que los costes sean bajos, pudiendo llegar a suponer un ahorro en algunas ocasiones. Inicialmente el potencial de secuestro de carbono es muy elevado, pero decrece a medida que el suelo alcanza un nuevo y más alto equilibrio, momento en el que este potencial se reduce a cero. Aunque la saturación de las existencias de carbono depende de la opción de secuestro de carbono en el suelo y de factores ambientales, como el tipo de suelo o la zona climática, el IPCC utiliza por defecto 20 años. Además, al igual que la forestación y reforestación, el secuestro de carbono en el suelo tiene un carácter reversible, por lo que aún habiendo alcanzado un contenido elevado de carbono en el suelo, las prácticas agrícolas deberán mantenerse en el futuro. En esta diapositiva se recogen los beneficios y riesgos colaterales de la utilización del secuestro de carbono en el suelo como tecnología mitigadora. Entre los principales beneficios, como ya hemos visto, destacan el incremento de la biodiversidad y una mejora general de las propiedades de la fertilidad del suelo, también mejora su resiliencia, también contribuyen a reducir el uso de fertilizantes, también causan impactos positivos tanto en la calidad del suelo, del agua y del aire y con todo ello incrementa la producción, lo que contribuye también al incremento de la seguridad alimentaria. Sin embargo existe un debate en la actualidad respecto al papel que juega el secuestro de carbono en el suelo en el incremento de otras emisiones de gases de efecto invernadero. Este sería el caso por ejemplo del metano en arrozales con la aplicación de estiércol o dióxido nitroso con la aplicación de fertilización nitrogenada. Otro efecto colateral negativo es la necesidad de adicionar nutrientes esenciales para el crecimiento vegetal como el nitrógeno y el fósforo y así mantener la estequiometría de la materia orgánica del suelo con el consiguiente riesgo que esto pudiera tener para la contaminación de acuíferos. Las existencias de carbono orgánico del suelo dependen del clima, del sistema o del tipo de vegetación y del tipo del suelo, es decir, de las propiedades físico-químicas como por ejemplo el contenido y tipo de filosilicatos o arcillas. Pero ¿cómo podemos cuantificarlo? Lo primero que hay que establecer son los diferentes horizontes del suelo, del perfil del suelo, midiendo además su espesor. Esto es necesario puesto que tienen diferentes contenidos de carbono que por lo general decrecen en profundidad como se ve en la imagen a través del color oscuro de la materia orgánica. En cada horizonte se toman muestras edáficas no perturbadas utilizando cilindros metálicos que tienen un volumen conocido para determinar la densidad aparente del suelo. A continuación se toman muestras representativas del suelo para la determinación de la pedregosidad y además también para el análisis del contenido de carbono orgánico total por gramo de suelo seco utilizando un analizador de carbono orgánico. Si el suelo contiene carbonatos, es decir, carbono inorgánico en suelos de pH básico, habría que descontarlos del carbono orgánico total determinado con el analizador. Finalmente se suma el resultado de todo el carbono orgánico del suelo obtenido por cada horizonte y tendríamos la existencia de carbono orgánico del suelo en el total del perfil del suelo. Sin embargo si no disponemos de datos temporales de la evolución de estas existencias de carbono en el suelo no podemos saber si el suelo está funcionando como un sumidero o como una fuente de carbono. El stock de carbono del suelo como hemos visto puede verse alterado por la gestión antrópica del suelo principalmente a través de los factores como son el tipo de uso del suelo si es agrícola, forestal o pastoral, por el sistema de manejo que se está utilizando y si se aplican o no insumos. Para un conocimiento más exhaustivo de la estimación de las emisiones y absorciones asociadas a los cambios en las existencias de carbono orgánico del suelo recomiendo acudir a las fichas sobre uso de la tierra, cambios en el uso de la tierra y selvicultura que está elaborando el Ministerio y que están disponibles en la web. También son muy recomendables las guías del IPCC donde se describen las metodologías de cálculo y se dan recomendaciones de buenas prácticas en este sector. Muchas gracias por vuestra atención, os espero en el próximo vídeo.