Sentados y descubrir. Se va a proceder a la solemne investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Madrid. Excelentísimo señor don Rafael Nadal Parera. La señora secretaria general dará lectura al acuerdo de su nombramiento. Gracias, señor rector. Como secretaria general de la Universidad Politécnica de Madrid, tengo a bien ratificar que la sesión ordinaria del Consejo de Gobierno de la Universidad Politécnica de Madrid, previa convocatoria, el día 3 de marzo de 2022, se adoptó válidamente, entre otros, un acuerdo de especial relevancia para la institución. En dicha sesión, el Consejo de Gobierno aprobó el nombramiento del excelentísimo señor don Rafael Nadal Parera como Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Madrid, en reconocimiento de su destacada trayectoria a su contribución ejemplar y los valores que representa en Madrid, a 24 de marzo de 2026. Muchas gracias, señora Secretaria General. A continuación, el profesor de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, don Javier Durán, actuará como padrino y será quien conduzca y acompañe ante este claustro universitario al doctorando que ha de ser investido doctor Honoris Causa. Ruego al Decano de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte tenga la bondad de guiar al Padrino y al doctorando a este Paraninfo. Cuando entre el nuevo doctor nos ponemos de pie y nos cubrimos. Señoras y señores, sentados y descubrimos. A continuación tiene la palabra el profesor Durán, que hará la laudatorio del excelentísimo señor don Rafael Nadal Parera, por favor. Profesor Durán. Rector. Magnífico de la Universidad Politécnica de Madrid. Doctorando don Rafael Nadal Parera. Autoridades de la Mesa presidencial. Rectores de las Universidades de Madrid. Autoridades del Gobierno central y autonómico. Miembros de la comunidad universitaria, familiares y amigos. Es para mí un verdadero honor y un privilegio dirigirme a todos ustedes en una ceremonia cargada de solemnidad y de significado en la que se reconoce la excelencia deportiva y se ponen en valor los principios que sustentan la vida universitaria y nuestra sociedad. Permítanme, en primer lugar, expresar mi más sincero agradecimiento por su presencia que otorga a este acto la solemnidad que merece concederme añadir una palabra de gratitud hacia mi querida Facultad de Ciencias del Deporte INEF, y a su Decano, cuyo apoyo y complicidad hacen aún más especial para mí el honor de pronunciar estas palabras. Hoy nos reunimos en la Universidad Politécnica de Madrid para rendir homenaje a una figura que trasciende el deporte, a un símbolo mundial del esfuerzo, humildad y excelencia. Don Rafael Nadal Parera. Y no es casualidad que este reconocimiento tenga lugar precisamente en la Universidad Politécnica de Madrid, porque aquí donde el conocimiento se construye con rigor, donde cada logro es fruto del trabajo constante y donde el error forma parte del aprendizaje. Encontramos en Rafa Nadal un modelo perfecto. Estamos ante una figura clave del deporte español y mundial. Sus 14 títulos de Roland Garros le convierten en leyenda viva del tenis. El homenaje que recibió en París en mayo de 2025. Es uno de los reconocimientos más hermosos que un deportista haya recibido. Inmortalizar su pisada en la pista. Felipe. Ese gesto es un tributo a la victoria. Pero también, y sobre todo, a la huella imborrable que deja en la vida y en el corazón de tantas personas. Rafael Nadal debutó como tenista profesional en 2001, con apenas 15 años. Desde entonces, sus logros han sido extraordinarios. 22 títulos de Grand Slam, 36 títulos, Masters, 1002 medallas de oro olímpicas en individual en Pekín 2008 y en dobles en Río 2016. Cinco Copa Davis 912 semanas seguidas entre los diez entre los diez mejores tenistas mundiales y 209 semanas como número uno del mundo. Reducir esta trayectoria a simples cifras sería quedarse en la superficie, porque su grandeza no está sólo en lo que ha ganado, sino en cómo lo ha hecho. Recuerdo como muchos de ustedes, su primer Roland Garros en 2005, con apenas 19 años, la edad de algunos de nuestros estudiantes aquí presentes, venciendo al argentino Mariano Puerta con una mezcla de valentía, determinación y una madurez impropia de su edad. En aquel momento no éramos plenamente conscientes de que estábamos asistiendo al nacimiento de una leyenda, pero sí intuíamos algo que ese joven no competía solo para ganar. Lo hacía para superarse. Y esa es en esencia, una lección que define el espíritu universitario, porque en la Universidad Politécnica de Madrid, como bien saben nuestros estudiantes, el verdadero reto no es solo aprobar, sino crecer y superarse también desde el ámbito de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, INEF, donde el deporte se estudia, se vive y se comprende en toda su complejidad. Rafa Nadal representa un caso paradigmático por su rendimiento físico excepcional y por su capacidad para integrar cuerpo, mente y valores. Otro excepcional reconocimiento del pueblo francés a nuestro tenista fue hacerle portador de la antorcha olímpica en la inauguración de los Juegos de París 2024. La vinculación de Nadal con el olimpismo es bien conocida, aunque en los que en aquellos momentos competía en equipo representando a España en la Copa Davis o en los Juegos. En aquellos momentos Nadal alcanzaba su mejor versión. Se le veía disfrutando y con una alegría especial por ese sentimiento de pertenencia a un equipo que trasciende lo individual, a esos inmensos éxitos deportivos. Rafa Nadal añade unos valores extraordinarios tanto dentro como fuera de las pistas. Por eso, a la admiración deportiva añadimos una profunda admiración moral. Hablar de valores y ética en el deporte no es sencillo. Existe una crítica bien fundamentada sobre la dificultad del deporte a la hora de transmitir valores. Permítanme evocar una experiencia docente que ilustra bien esa dificultad. En la asignatura de Sociología y Ética en el Deporte. ¿Suelo comenzar el curso con una pregunta muy directa a nuestros estudiantes Qué valores os ha transmitido específicamente el deporte a lo largo de vuestra vida? Valores que probablemente no hubierais adquirido sin esa experiencia deportiva tras años formulando esta pregunta. La respuesta es sorprendentemente consistente. Aproximadamente un 80% de los valores que mencionan aparecen en el listado siguiente Esfuerzo, afán de superación, constancia, sacrificio, capacidad de sufrimiento, fuerza de voluntad, motivación, cooperación, trabajo en equipo. Una vez fijados esos valores en la pantalla, lanzo una segunda pregunta que suele generar un silencio incómodo y revelador. Todos esos valores útiles para alcanzar el éxito deportivo serían útiles también para un grupo criminal. La respuesta, tras breve reflexión es clara Sí, podrían serlo. La razón son valores instrumentales ambivalentes, que pueden servir tanto para alcanzar metas admirables como fines reprobables. Y es aquí donde aparece la verdadera grandeza. En ese otro 20% de valores que emergen, aunque con menos frecuencia, ya que no son instrumentales sino finales, valores éticos que solo apuntan hacia el bien, la compasión, la empatía, la humildad, la igualdad, la indulgencia, el respeto, la solidaridad, la tolerancia. Valores que nos ayudan a superar el egocentrismo e individualismo propio del deporte competitivo y nos abren hacia una identificación empática, compasiva, generosa y solidaria con el otro, al que ya no vemos como obstáculo, sino como un igual que nos ayuda a ser mejores. Y aquí es donde Rafa Nadal se convierte en un verdadero referente al integrar la excelencia competitiva y la profundidad ética. Algo nada sencillo. El deporte competitivo, por su propia naturaleza, plantea un dilema ético cuando nos enfrentamos a un rival por una meta que solo uno puede alcanzar, resulta muy difícil sentir empatía por el otro, preocuparnos por sus emociones y sentimientos y no digamos actuar con generosidad o con altruismo. La razón se hace evidente Los prójimos se convierten en nuestros rivales, en nuestros contrincantes. Como una alumna exclamó con un arrebato de sinceridad en clase. Como tenga empatía con mi rival, me machaca. Esa tensión es real. Rafa Nadal la ha vivido una y otra vez en su magnífica biografía. Rafa, Mi historia escrita junto a John Carlin describe los instantes previos a la final frente a Roger Federer en Wimbledon 2008. Con una honestidad que ilustra este conflicto, señala bromear o charlar de fútbol con él en el vestuario, como habríamos hecho antes de un partido de exhibición. En aquel momento habría sido interpretado por el otro como un signo de temor. Esa misma final nos dejó una de las páginas más épicas de la historia del deporte. En ese larguísimo partido que el propio Rafa ha descrito como el más grande de mi vida, derrotó a Roger Federer en cinco apretadísima sets en un duelo que redefinió los límites del tenis y de la resistencia humana. Con su victoria, Nadal no solo destronó al tenista suizo en su jardín privado de Wimbledon, sino que le desplazó de la posición de número uno del mundo. Ese mismo año ya había conquistado su 4.º Roland Garros consecutivo, precisamente ante Federer, en una final resuelta en poco más de hora y media, mostrando una una superioridad casi inalcanzable. Y apenas unos meses después, ambos gigantes volvieron a encontrarse en la final del Open de Australia 2009, donde Nadal volvió a imponerse en otro duelo memorable. Años más tarde, en 2017, el Open de Australia volvió a ser escenario de otra final inolvidable. Allí, Rafa Nadal demostró una vez más su capacidad de resiliencia, su lucha constante, su negativa a rendirse incluso en los momentos más exigentes de su carrera. Javier Cercas, nuestro novelista y ensayista y gran amante del tenis, dedicó horas después de dicho encuentro y nunca mejor utilizada esta palabra mejor que partido. Un hermoso artículo titulado Federer y Nadal en éxtasis. Leo textualmente No tengo palabras para describir esa final. Al acabar, Nadal aseguró que Federer había merecido más que él la victoria y Federer declaró que si en el tenis existiera el empate lo hubiera firmado. Lo cierto es que nunca ha importado menos el resultado de un partido de tenis. Mientras lo veía, sigue escribiendo Cercas. Me acordé de un relato de Borges en el que dos teólogos enfrentados de por vida descubren tras su muerte que en el paraíso forman una sola persona. Y sentí que para quienes amamos el tenis, estos dos genios antagónicos quizá acaben siendo uno solo. ¿Cómo no acordarse de este texto en el homenaje de despedida del tenista suizo con Nadal a su lado, con lágrimas ambos, y la mano de uno sobre la del otro? Pocas veces el deporte nos ha proporcionado una imagen tan potente y bella de la esencia ética del deporte. Existe otra dimensión que engrandece aún más a Rafael Nadal. Su fundación, creada en 2010 con el apoyo de su madre, Ana María Parera, con su fundación, expresa su compromiso solidario. Sus centros en Palma, Valencia y Madrid ofrecen apoyo académico, deportivo y psicosocial a menores en situación de riesgo de exclusión social. En ese proyecto, tanto su mujer, María Francisca, como su hermana Maribel desempeñan un papel esencial, reflejando una vez más la centralidad de la familia en su vida. Su programa, más que tenis, reúne cada año a cerca de 500 personas con discapacidad intelectual vinculadas a 30 escuelas de tenis repartidas por toda España. El objetivo es profundamente humano que compartan experiencias que socialicen, que hagan amigos, se diviertan y refuercen su autoestima, su compromiso llega más allá de nuestras fronteras. En la India, en la región de Anantapur, una de las zonas más desfavorecidas del país, además de formación tenística, los jóvenes, los jóvenes reciben formación escolar, suplementos nutricionales y cobertura sanitaria. En ese mismo país ha desarrollado también un programa de tenis adaptado en silla de ruedas que promueve la igualdad y la inclusión social de niñas y niños con movilidad reducida, combatiendo la discriminación. Todo ello demuestra que Rafael Nadal ha convertido el tenis en una poderosa herramienta de solidaridad y compromiso social, como él mismo ha reconocido. Su deseo es devolver a la sociedad lo mucho que ha recibido de ella. Esta humildad que tanto le define ha sido transmitida por un entorno familiar excepcional su tío y entrenador durante muchos años, Toni Nadal, en numerosas ocasiones, recordaba a Rafael que no debía sentirse especial por ser el número uno del mundo. ¿Qué razón hay para que un tenista, por bueno que sea, se sienta especial? Jugar al tenis no es tan importante. ¿Cuántas actividades hay en el mundo de mayor trascendencia y valor para las personas y la sociedad? Hay que saber pasar una bola por encima de una red. Palabras que nos recuerdan algo esencial en nuestra Universidad Politécnica de Madrid que la excelencia profesional debe estar siempre guiada por principios éticos. El propio Toni Nadal señalaba también otra verdad incómoda, pero real. Solo el deportista ganador se convierte en un referente ético y moral para la sociedad. Y eso no es cierto. Ensalzamos demasiado al que gana y muchas veces nos olvidamos del resto de deportistas. Ganar no es en sí mismo lo que convierte a alguien en referente. Es la manera de hacerlo. La forma de tratar al otro, el talante con el que enfrentar el éxito y el fracaso. Por eso Rafa Nadal se ha convertido en un verdadero modelo. Permítanme que me dirija a los estudiantes de la Universidad Politécnica de Madrid. En vuestro camino encontraréis retos, incertidumbres, exigencias y por ello necesitaréis raíces, valores, referentes que os inspiren. La Universidad Politécnica de Madrid os forma académicamente, pero también nos acompaña en vuestro proceso de desarrollo personal y os transmite algo esencial que no debéis olvidar que el verdadero valor del éxito surge de la capacidad de orientar el talento hacia el servicio a los demás. Por eso Rafa Nadal es un ejemplo extraordinario, una persona que ha inspirado y seguirá inspirando a generaciones enteras. Rector. Autoridades. Miembros de la comunidad universitaria. Señoras y señores, llegados a este momento solemne, debemos manifestar que con la incorporación de don Rafael Nadal como Doctor Honoris Causa, nuestra Universidad reconoce mucho más que su irrepetible palmarés. Celebramos que la excelencia no está reñida con la humildad y con el respeto a los demás. Que se puede alcanzar el éxito con valores y principios. En una pista de tenis o en cualquier otro ámbito científico y social. Eso es lo que hoy celebramos y acogemos en nuestra Universidad. Muchas gracias. Muchísimas gracias, profesor Durán, por esa hermosa, laudatorio que nos ha dirigido. Y señoras y señores, vamos a proceder a la solemne investidura como doctor honoris causa del profesor. Excelentísimo señor don Rafael Nadal Parera. Por favor, levántense y cúbranse. Por el Consejo de Gobierno de la Universidad Politécnica de Madrid, a propuesta de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y en testimonio del reconocimiento de vuestros relevantes méritos, habéis sido nombrado Doctor Honoris Causa por esta Universidad. En virtud de la autoridad que me ha sido conferida. Os entrego dicho título y os impongo los símbolos que acompañan, al grado que ahora se os otorga. Os impongo el birrete laureado, antiquísimo, antiquísimo y venerado distintivo del Magisterio. Llevadlo sobre vuestra cabeza como la corona de vuestro estudio y merecimientos. Recibid el libro de la Ciencia, conservarlo como símbolo de cuanto tenéis que aprender y enseñar. Y que sea para vos significado y recordatorio de que, por grande que sea, por grande que vuestro ingenio fuere, debe rendir acatamiento y veneración a la doctrina de vuestros maestros y predecesores. Recibid mi. Recibid el anillo que la antigua Universidad entregaba como símbolo de la alianza con la misma y como emblema del privilegio de firmar y sellar los dictámenes, consultas y censuras de vuestra ciencia y profesión. Asimismo, recibid los guantes blancos, símbolos de la pureza que deben conservar vuestras manos uno y otros signos también de la distinción de vuestra categoría y dignidad. Porque os habéis incorporado a esta Universidad. Recibid ahora, en nombre del claustro de profesores, el abrazo de fraternidad de los que se honran y se congratulan de ser vuestros compañeros. Señoras, señores, sentaos y descubriros. Y en este momento le damos la palabra al nuevo doctor Rafael Nadal Parera. Por favor. ¡Magnífico! Señor Rector de la Universidad Politécnica de Madrid. Excelentes y más ilustres Y más autoridades. Profesores, estudiantes. Señoras y señores. Quisiera comenzar expresando mi más sincero agradecimiento a la Universidad Politécnica de Madrid, a su rector, al Decano de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, al Claustro de Doctores, a su Consejo de Gobierno y a toda la comunidad universitaria por concederme este honor que recibo con enorme emoción y humildad para alguien que ha dedicado su vida al deporte. Recibir un doctor, un doctorado Honoris causa por una institución de referencia en los ámbitos de la ingeniería, la ciencia y la innovación tiene un significado muy especial. Este reconocimiento, que proviene de una universidad pública comprometida con la excelencia académica, el impacto social y la innovación, es para mí un motivo de profunda satisfacción. Quiero agradecer de manera especial a la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte la propuesta de este doctorado. Tiene un valor muy significativo que una institución dedicada al estudio científico del deporte haya impulsado esta iniciativa. El deporte de alto nivel ha evolucionado enormemente en las últimas décadas y hoy está profundamente vinculado al conocimiento científico, la preparación física, la medicina deportiva, la biomecánica, el análisis, el análisis del rendimiento o la tecnología aplicada al entrenamiento. Forman ya parte esencial de la alta competición. En mi caso, crecí sin acceso a muchas de estas herramientas. Podría decirse que pertenezco a una generación anterior en la que estos avances se fueron incorporando progresivamente. Hoy, sin embargo, son fundamentales para las nuevas generaciones de deportistas. Recibo esta distinción no solo como un reconocimiento personal, sino también como un reconocimiento al deporte y a los valores que representa. Soy consciente de que mi trayectoria es diferente a la de muchos de los que hoy estáis aquí. Muchos habéis dedicado a vuestra vida, a la investigación, al estudio y al desarrollo del conocimiento en ámbitos de gran complejidad. Mi formación, en cambio, ha sido distinta. Mi universidad ha sido la vida, los viajes, las experiencias y el contacto con personas de diferentes culturas y ámbitos. Todo ello me ha enriquecido profundamente, tanto a nivel personal como profesional. Mi familia, mi entorno y más adelante mi equipo, han sido también grandes maestros en este camino. A lo largo de mi carrera he recibido distintos reconocimientos, pero los que provienen del mundo académico. Tienen un significado especial porque representan el respeto de una institución dedicada al conocimiento, a la formación y al progreso de la sociedad. En el deporte de élite, como la ingeniería o en cualquier disciplina científica, el talento es importante, pero nunca es suficiente por sí solo. Detrás de cualquier logro hay siempre un proceso largo de preparación, análisis, trabajo constante y mejora continua. Valores como el rigor, la búsqueda, la búsqueda de la excelencia, el trabajo en equipo y el compromiso conectan profundamente con lo que vivimos en el deporte profesional. Tener objetivos a corto, medio y largo plazo es fundamental para alcanzarlos. Es necesario levantarse cada día con ilusión y con la determinación de esforzarme, de esforzarse al máximo. A lo largo del camino. Todos atravesamos por momentos de dificultad. Es precisamente en esos momentos cuando más importante resulta mantener una actitud positiva y seguir trabajando. Muchas veces sin resultados inmediatos. Es en ese esfuerzo constante donde, casi sin darnos cuenta, comienza la superación. El éxito, por su parte, puede ser engañoso. Es fundamental mantener siempre la humildad y la autocrítica. El éxito es pasajero y no debe desviar la atención del trabajo. Escuchar al equipo, aceptar los errores y seguir mejorando es clave, incluso en los momentos de mayor éxito. Siempre existe margen de mejora. Al final, alcanzar los objetivos requiere de tiempo, constancia, ajustes continuas y un compromiso sostenido durante muchos años. El éxito no llega ni rápido ni por casualidad. Muchas veces se habla del deporte desde la emoción de los grandes momentos, pero detrás de cada competición hay un trabajo profundo preparación física, análisis del rival, estrategia, adaptación. En cierto modo, el deporte de alto nivel se parece a un proceso de investigación constante desde que era niño. En Mallorca aprendí que el progreso no llega a través de grandes cambios, sino de pequeñas mejoras diarias. Golpear un poco mejor la pelota. Entender mejor el juego. Aprender de cada victoria y también de cada derrota. Esa mentalidad que me inculcó mi familia y también mi tío, que fue mi entrenador durante muchos años. Aprendí que el trabajo, la disciplina y la humildad son tan importantes como el talento. El deporte también me enseñó que nadie gana siempre. Aprender a aceptar la derrota, analizarla y volver a intentarlo es una de las lecciones más valiosas. A lo largo de mi carrera he vivido grandes momentos, pero también etapas difíciles, especialmente por las lesiones. Esos momentos te obligan a desarrollar resiliencia, la capacidad de levantarse y seguir adelante, incluso en las circunstancias más adversas. Otra palabra importante es la ambición. Para mí, la verdadera ambición no es solo querer ganar, sino querer mejorar cada día sin perder de vista los valores. Una ambición que respeta a los demás, a los rivales y al propio deporte. Un deportista es también el resultado del trabajo de muchas disciplinas que se unen con un objetivo común. En ese sentido, hay muchas similitudes con los grandes proyectos científicos y tecnológicos. En los últimos años he intentado trasladar estas ideas a la Rafa Nadal Academy en Manacor. Desde el inicio quisimos que fuera más que un lugar de entrenamiento, un espacio donde deporte, educación y conocimiento convivan, porque el deporte también es aprendizaje, investigación y desarrollo. Más allá de los resultados, siempre he creído en el impacto social del deporte. Tiene una capacidad única para unir a las personas. Por eso, junto a mi familia impulsamos la Fundación Rafa Nadal con el objetivo de ofrecer oportunidades a niños y jóvenes a través del deporte y de la educación. Ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. La educación, el conocimiento y el esfuerzo son fundamentales para construir una sociedad mejor. Universidades como la Universidad Politécnica de Madrid desempeñan un papel esencial en ese proceso. A los. A los estudiantes me gustaría deciros que confiáis en vuestro talento, pero sobre todo, que confiáis en vuestra capacidad de trabajo. Aprovechad cada oportunidad. No tengáis miedo a equivocaros y mantened siempre la constancia y la humildad. Tenéis la capacidad de marcar la diferencia. Antes de terminar, quiero agradecer este reconocimiento a todas las personas que me han que me han acompañado en mi camino. A mi familia, a mi equipo y también a mis rivales que me han exigido y me han ayudado a mejorar. Recibo este doctorado con gratitud y con el compromiso de seguir defendiendo los valores que el deporte me ha enseñado. El esfuerzo, la honestidad, el respeto y la superación constante. Muchísimas gracias. Muchísimas gracias al coro de la Universidad Politécnica de Madrid por interpretar este himno olímpico. Embajadora de Australia. Jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, del Espacio, Consejera de Educación y de Universidades de la Comunidad de Madrid. Alcaldes, Presidentes de Ayuntamientos, Rectores de otras universidades y rectores eméritos de la Politécnica. Directora General de Innovación. Exministro. Querido Pedro. Representantes de embajadas. Autoridades civiles y militares. Profesorado. Personal técnico de gestión, Administración y servicios de la Universidad. Investigadores. Estudiantes. Empresas. Familiares. Amigos. Querido Rafa, buenas tardes. Entre las expresiones más solemnes de las universidades destaca una ceremonia singular la investidura como doctor Honoris causa, símbolo de reconocimiento, admiración y gratitud. Desde hace siglos, las universidades de todo el mundo reservan esta distinción para reconocer trayectorias excepcionales que han desarrolladas fuera del ámbito estrictamente académico. Representan de manera ejemplar los valores que la Universidad desea preservar y transmitir. Honoris Causa es una locución latina que significa por causa de honor. Alude a ese sentido profundo del deber, al respeto hacia los demás y a la buena reputación que nace de la virtud del mérito y de una vida guiada por el servicio. Conceder el grado de Doctor Honoris causa significa algo más que reconocer un éxito. Significa incorporar simbólicamente a una persona al claustro de la universidad. Reconocer que su trayectoria forma parte del patrimonio intelectual y moral que la institución desea ofrecer como ejemplo a sus estudiantes. Porque las universidades transmiten conocimientos, forman en competencias y en capacidades y también transmiten referentes, referentes de excelencia, de integridad, de esfuerzo y de compromiso. Hoy la Universidad Politécnica de Madrid tiene el honor de incorporar a esta tradición a una figura cuya trayectoria, como hemos escuchado en La Ladilla en los patios del profesor Durán. Muchas gracias, profesor Durán. Ha trascendido el deporte para convertirse en un referente universal. Hoy distinguimos a Rafa Nadal, a Rafael Nadal. Quienes formamos parte de esta universidad compartimos una convicción profunda. Las grandes obras de ingeniería de arquitectura nunca son fruto del azar. Esa cultura del rigor y de la excelencia no pertenece solo a la ingeniería o a la arquitectura. También forma parte de otras disciplinas presentes en nuestra universidad, como las ciencias del deporte o el diseño de moda, que amplían y enriquecen la forma en que entendemos la excelencia en la Universidad Politécnica de Madrid. Los puentes no se sostienen por casualidad. Los satélites no alcanzan la órbita de forma improvisada. Las infraestructuras que conectan nuestras ciudades y las tecnologías que transforman nuestras vidas son siempre el resultado de años de trabajo, de investigación, de precisión, de método y de perseverancia. En este sentido, el deporte de élite se parece mucho más a nuestras disciplinas de lo que podría parecer a primera vista. Y no únicamente por la exigencia técnica, también por los valores que lo sostienen. Por lo que admiramos en los grandes deportistas la disciplina, la constancia, el respeto, la humildad, la capacidad de superación son precisamente los valores que queremos que acompañen a nuestras y nuestros estudiantes a lo largo de su vida profesional y personal. Y pocas trayectorias han encarnado esa doble exigencia la técnica y la humana con tanta claridad como la de Rafael Nadal. El tenis es un deporte de precisión extrema, un juego de ángulos, de tiempos de anticipación y de cálculo milimétrico. Cada golpe exige una combinación exacta de técnica, potencia, inteligencia y control emocional. En cierto modo, podríamos decir que es un pequeño ejercicio de ingeniería aplicada a un problema complejo que debe resolverse, eso sí, en fracciones de segundo. Pero como ocurre también en la ingeniería, el talento por sí solo no basta. La excelencia nace cuando ese talento se encuentra con el rigor. La disciplina de trabajo y una voluntad constante de mejora. Y en ese equilibrio entre talento y esfuerzo se ha construido una de las carreras más extraordinarias de la historia del deporte en nuestro país. España tiene una historia especial con el tenis. Hace más de medio siglo, Manolo Santana abrió un camino que parecía hasta entonces casi imposible. Sus victorias en Roland Garros, en el Open USA y en Wimbledon en la década de los 60, fueron la demostración de que nuestro país también era. En nuestro país era posible competir y ganar en los grandes escenarios del deporte mundial, algo que desde luego parecía impensable. Fue uno de esos pioneros de nuestro deporte al que le debemos tanto, al igual que Severiano Ballesteros, Ángel Nieto, Fernando Alonso o Carolina Marín, entre otros. Aquellos logros de Santana abrieron una senda que con el tiempo seguirían otros grandes tenistas, lo que ha convertido a España en una superpotencia del tenis. España es el país con más masters ganados por sus tenistas, un total de 64, el segundo en torneos de Grand Slam en la era Open. Eso sí, con 36 solo por detrás de Estados Unidos y el primero en Copa Davis. Desde desde que se crea el grupo Mundial con seis ensaladeras igual que Estados Unidos y que Suecia y entre todos los tenistas tan brillantes que hemos tenido en este país, destaca el legado de Rafael Nadal. Él ha conseguido que durante más de dos décadas millones de personas en todo el mundo hayan seguido sus partidos con una mezcla de admiración, emoción y esperanza. Estoy seguro que la mayor parte de los presentes nos incluimos dentro de ese grupo. Muchos hemos vibrado con sus partidos, hemos sufrido en los momentos difíciles y hemos celebrado con alegría cada una de sus victorias. Y no solo en España, En todos los continentes. En ciudades muy distintas y en husos horarios imposibles. Millones de personas han madrugado, han trasnochado o han interrumpido su jornada para ver jugar a Rafael Nadal. Han sido historias de superación, de lucha hasta el último punto de un profundo respeto al adversario y de fidelidad a unos valores que el público reconoce inmediatamente y que tan orgullosos nos ha hecho sentirnos a tantos de nosotros. Hay algo profundamente simbólico en el lugar donde Rafael Nadal ha construido buena parte de su leyenda La tierra batida. La tierra batida es una superficie exigente, no admite atajos. Cada punto requiere paciencia. Cada intercambio exige resistencia. Cada partido es una prueba de constancia y de un profundo control mental. Tal vez por eso esta superficie refleja también la esencia de su carrera. Y hay otro importantísimo aspecto del tenis que merece ser destacado en este deporte que aparentemente parece individual. Ningún jugador alcanza la excelencia completamente solo. Detrás de cada gran tenista existe siempre un equipo de entrenadores, preparadores físicos, médicos, compañeros y, por supuesto, familias que acompañan en el camino. A mí personalmente me emociona cuando en sus discursos Rafael Nadal siempre ha reconocido esa dimensión colectiva del éxito, resaltando y alabando el papel de su equipo y de su familia. Quiero agradecer y felicitar a nuestra querida Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte por el trabajo diario que hace, por supuesto, formando a profesionales y por proponer con tremendo acierto un nuevo doctor para nuestra universidad. Querido Rafa, nos has enseñado que ser número uno de un deporte va más allá de alcanzar la cima de un ranking. La manera de conseguirlo nos hizo entender una forma de competir, de trabajar y de comportarse que nos inspira a todos. Nos has demostrado que la excelencia puede ir acompañada de humildad. Que la competitividad puede convivir con el respeto y que el éxito es más valioso cuando se alcanza sin renunciar nunca a los principios. Nuestra Universidad Politécnica de Madrid, Universidad pública caracterizada por el rigor, el trabajo y la investigación, se honra hoy en incorporarte a su claustro como Doctor Honoris Causa. Porque tu carrera nos recuerda algo que está en el corazón de la universidad que el verdadero progreso en el deporte, en la ingeniería y arquitectura y en la vida se construye del mismo modo que se construyen los grandes partidos y las grandes obras de ingeniería, con talento, con trabajo, con ilusión, con respeto y con la voluntad constante de superación. Y eso es lo que hoy estamos celebrando en esta sala. Una trayectoria extraordinaria y un ejemplo universal. Antes de terminar este acto, me gustaría agradecer de corazón a todas las personas que han trabajado con tanta pasión y tanta dedicación en la preparación de este acto tan complejo que supone un importante esfuerzo adicional a la actividad diaria. Es un orgullo para mí contar con un equipo con esta disposición y esta diligencia. Y por supuesto, gracias enormes a María por coordinar todo. Termino ya. Hoy es un gran día para todos nosotros porque celebramos que un nuevo Doctor Honoris Causa está en nuestra Universidad Politécnica de Madrid. Bienvenido Rafael Nadal Parera. Muchas gracias. Muchísimas gracias a todos. Y ahora, para terminar el acto, nos vamos a poner de pie para escuchar el Gaudeamus Igitur por el coro de nuestra universidad. Se levanta la sesión. Declaro terminado el acto. Muchas gracias.